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Sigue a la Bola.

Eso no se olvida nunca.

En Cuba, un buen vecino, vale más que todo el tesoro del mundo. Un vecino, llega a salvarte la vida si tocas a su puerta. Se los digo por experiencia. El primer infarto de mi madre, la salvó el vecino de enfrente, con un boca a boca y masajes en el pecho...eso no se olvida nunca.

Cuando estaba embarazada, los olores de mi casa me molestaban. Mi vecina María Ofelia Sevilla, cocinaba lo mismo que mi madre y me olía a gloria.

Un vez se me rompieron todos lo huevos que me mandaron a comprar a la bodega. Eran 20. Recorrí casa por casa de mis vecinos del edificio 506 en el reparto Vigía Sur. Completé los 20 huevitos gracias a ellos. Mi madre Magdalena, se enteró del pasa-cepillos, al preguntarme...¿Desde cuando dan los huevos fríos en la bodega? Yo tenía 10 años...me hicieron devolverlos uno por uno.... jamás lo olvidaré aquella tarde qué penaaaaaa.

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