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Algunos vivos viven de la muerte de Zapata

Algunos vivos viven de la muerte de Zapata

Ha
transcurrido un año de que se produjera el lamentable deceso de un
delincuente común devenido en activo contrarrevolucionario. Quienes
pretenden hacer creer al mundo que en Cuba se violan los derechos
humanos silencian, hipócritamente, el respeto que siempre se les ha
dispensado a los adversarios durante una contienda con el imperio que
ha causado la muerte a más de 3478 cubanos, víctimas de acciones de
terrorismo.

La muerte del recluso el 23 de febrero de
2010,  en uno de los más prestigiosos hospitales de La Habana, desató
una descomunal campaña de difamación en contra de la Revolución.
Pareciera que los más importantes medios de difusión occidentales
estuvieran apostados en la meta, esperando el disparo de arrancada; el
deceso añorado, para echar a correr sus mentiras.

Mientras
los médicos cubanos luchaban contra el desastre provocado por un
cataclismo, el olvido  y la indiferencia, seguían apostando por salvar
la vida de miles de ciudadanos haitianos,  personas también de piel
oscura, la “pequeña Isla” era sentada injustamente en el banquillo de
los acusados por “irrespetar el derecho a la vida”.

Apenas
24 horas después de  que fuera enterrado el imprescindible mártir de
la contrarrevolución, un nuevo actor se prestaba para azuzar el acoso y
cerco del Tío Sam; Guillermo Coco Fariñas se declaraba en huelga de
hambre con la certeza de que, una vez más, sería atendido por un
calificado equipos de médicos que volvería a la carga para preservarle
con vida.

El show de Fariñas duró 135 días, tiempo
suficiente para imponer record de conferencias de prensas  y dejar
para los anales de las huelgas de hambres un hecho relevante para la
medicina cubana: el paciente egresó de su intento con un peso superior
al reportado en el momento de su hospitalización.

Las 
huelgas de hambres protagonizadas por Fariñas en los años 2006 y 2010
totalizaron en su conjunto 376 días. Estas no solo  fueron  el
alimento que nutrieron las campañas de difamación, sino que le
sirvieron de aval para que le fuera conferido el Premio Sajarov.

En
el sitio web de la FAO se afirma que en el mundo como resultado de
enfermedades relacionadas con el hambre muere un niño cada 5 segundos. O
sea,  en los 376 días de huelga de hambre del suicida Guillermo
Fariñas murieron, en el mismo planeta habitado por él,  6 497 280
niños. Ninguno de ellos recibió la atención de  la  gran prensa. Vale
la pena aclarar que entre esos infantes que fallecieron por hambre, en
contra de su voluntad, no había ningún niño cubano.

Transcurrido
un año del deceso de Orlando Zapata, los estrategas del imperio,
narcotizados con los eventos del Medio Oriente, apuestan porque su
muerte obre el milagro de insuflar vida en una desprestigiada
contrarrevolución interna a la que se la ha asignado la difícil misión
de provocar la muerte del proceso revolucionario.

La
gran campaña de propaganda sustentada desde los medios que integran las
trasnacionales de la desinformación ha lanzado el slogan con el cual
pretenden encender la llama de la subversión: “Zapata Vive”.

Los
cubanos, que siguen apostando por la vida y por defender el derecho a
construir soberanamente el destino que el pueblo ha escogido, no
dejan de reconocer el verdadero significado de la nueva consigna
contrarrevolucionaria: “Zapata no vive. Algunos  vivos, viven de la
muerte de Zapata.”

Por Hatuey.

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