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Nunca pudo decirle la verdad sobre su nombre: Bolivia.

Aquel día, solo caminaba por los pasillos del hospital de maternidad, esperaba con ansias la llegada de su primer hijo. Ya tenían hasta el nombre y la ropita azul para “el varoncito”. Justo a las 6 de la tarde del 3 de enero de 1970 nació su primer hijo. Pero la sorpresa fue grande. ¡Es hembra y pesó 8 libras! La noticia fue como un cubo de agua fría. Se desvanecieron entonces los sueños de enseñarle a jugar el béisbol, de excavar en las cuevas del Escambray y hasta de saberlo el heredero de “sus tesoros”.
Cuentan que primero puso cara de desconsuelo, luego de asombro y por último de felicidad. ¡Caramba ya soy padre! , exclamó. La ropa de la niña, se volvió amarilla, luego de cambios internos en la sala obstetra y el nombre escogido por los jóvenes padres, de nada valía colocarle una letra A al final. En vez de Ernesto, como el Che Guevara se llamará Bolivia, como la tierra que guarda sus restos allá en América Latina y Tamara por la única mujer de su guerrilla. Así bautizó la vida, a la primera hija de un cubano, maestro de profesión, por aquel entonces con 30 años de edad y muchas historias por contar.
El tiempo, el implacable, pasó y volaron más de 5 años mejor 10, y allí estaba la intranquila niña que un día preguntó: ¿Por qué me pusiste el nombre de un país? Reclamó a su padre. Todos se ríen de mí y no me gusta, cuando sea grande me lo voy a cambiar, replicó insistente. El padre miró a su hija y con voz baja le dijo; “Algún día descubrirás el sentido de tu nombre y me dirás” (…)
Cuando la niña cumplió los mismos años que el padre tenía cuando ella nació, una ciudad cubana era noticia en el mundo. Santa Clara se convertía por esa fecha en la Ciudad del Che Guevara. Durante 30 años permanecieron sus restos bajo “la pachamama” traducido del lenguaje aymará al español, significa la madre tierra. En esa misma ciudad cubana, creció aquella niña que hasta ese momento desconocía por qué su padre la nombró tierra aymará.
Un beso en la frente sello la respuesta, después de que una enfermedad dolorosa, cegara la corta vida de un padre orgulloso de su primera hija. Para ese momento se le borraron los deseos de un cambio de nombre que pensó en la infancia, pero era demasiado tarde para darle la respuesta sobre aquel nombre de país y de guerrillera. Descubrió que había heredado más que un preciado tesoro, había heredado su vida.
Nunca pudo decirle la verdad a su padre amado y solo con la labor que realiza todos los días desde un lugar de Santa Clara, la Ciudad del Che en Cuba, firma cada artículo con el mismo nombre de aquella inscripción de nacimiento.
Bolivia Tamara Cruz.

En homenaje a mi padre, Agripino Cruz Jiménez (1940-2005)
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2 comentarios

MAGUI -

HERMOSO HOMENAJE A TU PADRE QUE SIEMPRE FUE TAN ESPECIAL, TU NOMBRE LO DICE ERES UN GUERRILLERA QUE HA TRIUNFADO Y TE MERECE EL LUGAR QUE TIENES, TE QUIERO BOLY Y GRACIAS POR DEJARME FORMAR PARTE DE TU FAMILIA, NOS VEMOS PRONTO EN CUBA.

Osmaira -

Muy sentido este homenaje al simpre querido Agripino, un valiente de su época. Eligió muy bien el nombre para ti. Para mí también resultaba curiiso qu ete llamaras como un país,pero en tu quehacer periodísto reciprocar el valor de esa tierra aymara, y mucho más de la mujer guerrillera que por allá peleó junto al Che.
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