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Che, el hombre nuevo y los Cinco Héroes

Uno de los grandes méritos del Che es que fue el creador de un conjunto de ideas, científicamente fundamentadas acerca del hombre del siglo XXI, es decir, el hombre nuevo. Para él, este hombre sería el resultado de la formación de hábitos que lo elevarían a un plano superior como revolucionario y lo convertirían en el centro y principal protagonista de la construcción del socialismo y el comunismo. Todo, por supuesto, sobre la base del papel del hombre dentro de las relaciones sociales de existencia y el mejoramiento de las mismas en el plano material y espiritual.
Para Che, este hombre debe manifestar en todo momento un alto nivel de patriotismo, cuya expresión más pura y elevada es el amor profundo a la humanidad misma, la patria grande; debe, asimismo, tener una plena vocación intelectual que lo lleve a investigar permanentemente la realidad que lo circunda; mostrar en todo momento una genuina voluntad y predisposición al sacrificio a favor de los demás, despojándose de todo individualismo y hacer alarde de una profunda sensibilidad y humanismo sin tacha; debe ser un infatigable defensor de la justicia y sentir en carne propia el dolor de los otros hombres; debe ser ejemplo a imitar, mostrando heroísmo ante la adversidad y hacer gala de una voluntad de acero y de un carácter fuerte y decidido; debe mostrar en todo momento inconformidad y disposición a transformar todo aquello que amerite ser cambiado en beneficio de los demás; debe ser un solidario incondicional con el dolor y las aspiraciones de los demás hombres, a la par que estar dispuesto a ofrecerse incondicionalmente para hacer posible sus sueños de libertad; y debe, por último, mostrarse tierno y delicado con sus seres queridos, mostrando una admirable caballerosidad y un amor sin límites.
En el texto enviado por él a Carlos Quijano, Director del semanario Marcha, de Montevideo, el Che expone algunos de estos conceptos:
● "… el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad."
● "hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad…"
● "Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización."
● "El internacionalismo proletario es un deber pero también es una necesidad revolucionaria. Así educamos a nuestro pueblo."
● "La revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar día a día su espíritu revolucionario."
● "Nuestro sacrificio es consciente; cuota para pagar la libertad que construimos."
De la concepción del Che sobre el hombre nuevo se desprenden dos verdades esenciales: 1) no hay revolución verdadera si no se realiza en ella la creación y formación de este hombre nuevo y 2) si el producto de esa transformación no llega a ser un hombre cuyo sello distintivo sea la solidaridad, el humanismo, la entrega total a sus ideas y la predisposición al sacrificio.
Mucho han hecho la Revolución Cubana y sus dirigentes para crear a ese hombre nuevo del que habló el Che. La prueba más elocuente de ese empeño la constituyen, a qué negarlo, nuestros Cinco Héroes prisioneros del Imperio. En ellos se materializa plenamente la concepción guevariana del hombre nuevo y superior.
Cuando el Che fue asesinado en Bolivia, nuestros héroes eran apenas unos niños o adolescentes: Gerardo Hernández nació el 4 de junio de 1965,dos años antes de la muerte física del Che; René González lo hizo el 13 de agosto de 1956, contando con apenas 11 años de edad cuando ocurrió el crimen de La Higuera; Ramón Labañino nació el 9 de junio de 1963, cuatro años antes; Fernando González el 18 de agosto de 1963, cuatro años antes; y Antonio Guerrero nació 16 de octubre de 1958, contando con nueve años de edad cuando ocurrió tan triste acontecimiento.
¿Qué hizo posible, entonces, que estos cinco hombres maravillosos pudieran encarnar de manera especial al modelo de hombre ansiado por el Che? Fue sin lugar a dudas el hecho de haber sido formados por una revolución verdadera y que ellos, en sí mismos, fueran genuinos hacedores de esa elevada condición de revolucionarios.
Hoy se les ve, mostrando una admirable solidez de convicciones revolucionarias, una envidiable predisposición al sacrificio y, sobre todo, una tenaz fortaleza de principios ante la más injusta adversidad.
¡Búsquese, pues, un modelo de humanismo a imitar, de entrega desinteresada la causa de los demás, de sensibilidad sin fronteras y de optimismo, y no habrá mejor manera de encontrarlo que conociendo mejor a estos hombres!
Ni las condenas injustas que están padeciendo, ni el aislamiento ni la cruel prisión, ni la separación absurda de sus seres queridos, podrán vencer a estos hombres nuevos con los que soñó más de una vez nuestro inolvidable Che.
Agradezco este texto a mi amigo Jesús Arturo Satorre Igualada, quien me lo hizo llegar desde Yemén. 
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